No es ningún secreto que el Estado marroquí, criminal e imperialista, mantiene falaces e ilegítimas reclamaciones sobre nuestro territorio patrio en el norte de África. Envalentonada por la cobarde instigación de potencias enemigas de España como Estados Unidos e Israel, que carecen de tanto valor que tienen que atacarnos a través de terceros, la abominable monarquía de Mohamed VI lleva a cabo agresiones cada vez más abiertas y condenables.
El Gobierno actúa pasivamente, sin valor para desplegar el Ejército en un momento de tanta necesidad como este. La oposición, esclava y satélite de Israel, enmascara la situación criticando un supuesto problema migratorio. No, señores. No se trata esta vez de un mero problema migratorio. Se trata de un brutal ataque premeditado del Gobierno de un país contra otro. Es una acción deliberada que no tiene otro objetivo que arrebatarnos Ceuta y, con ello, el control estratégico sobre el estrecho de Gibraltar, en provecho exclusivo del pérfido imperialismo anglosionista.
Marruecos pretende claramente efectuar una nueva Marcha Verde, y esto no es más que un ensayo para evaluar la voluntad y la fortaleza de la traidora clase política española en el caso de que finalmente se decidiera emprender una acción de tal envergadura.
La clase política española puede permitirse perder Ceuta. La clase económicamente dominante puede permitirse perder Ceuta. España, en cambio, no puede permitírselo. El pueblo no puede permitírselo. La nación no puede permitírselo.
Los políticos y los ricos no tienen patria, sino que la venden al mejor postor en busca de su propio beneficio particular. Somos nosotros, la clase gobernada, quienes más sufriremos las consecuencias.
Esto constituye un casus belli, un acto de guerra al que España, por dignidad patriótica y por la imagen que desea legar a la historia del género humano, debe responder de alguna manera.
Si España quiere garantizar su seguridad nacional, debe actuar internacionalmente para reducir el poder del Estado marroquí y mantenerlo contenido en sí mismo. España debe liberar el Sáhara Occidental y la región del Rif, así como consolidar una alianza militar estratégica con Argelia. Para que España viva, tiene que mantener un Marruecos débil.