Por mucho que a algunos repúblicos, miembros de la Junta Democrática de España, les resulte desalentadora la situación actual del movimiento, hemos de hacerles ver que, si bien en algunos aspectos ha habido un estancamiento e incluso un retroceso, en otros hemos realizado avances históricos dentro del movimiento revolucionario por la República Constitucional y la Libertad Política.
Es cierto que muchos destacados miembros de la organización se han desentendido de la Junta Democrática; otros simplemente se mantienen inactivos. La mayoría de ellos, sin embargo, no ha abandonado las ideas de Trevijano, sino que simplemente ha renunciado a formar parte de las asociaciones actualmente existentes.
La unidad del movimiento se desintegró trágicamente tras la muerte de Antonio García-Trevijano en el año 2018. Dicha unidad se recuperó parcialmente con la fundación de la Junta Democrática de España pocos años después, pero la dimisión de nuestro anterior presidente, Rubén Gisbert, ha hecho mella y ha generado nuevos retos para todos nosotros. No obstante, la reciente reunión de muchos repúblicos independientes, desligados tanto del MCRC como de la Junta Democrática, en un nuevo círculo de estudio de la obra de García-Trevijano, ha abierto nuevos horizontes. El Ateneo de la Libertad Política Colectiva, fundado y dirigido actualmente por Javier Valenzuela e Iván Fernández, y del cual participan también personas tan destacadas como Iván Ábalos, Antonio Tudela o Javier Martínez, entre muchos otros cuyos nombres me ruboriza no poder mencionar aquí, da pasos decididos hacia convertirse en una auténtica escuela y academia filosófica.
El acercamiento entre estos dos grupos es lo que está generando la posibilidad de volver a construir un nuevo núcleo duro del movimiento, un nuevo centro de unidad entre los repúblicos. Estos dos grupos, entre los cuales ya existe una gran simbiosis, deben actuar como el eje medular que articule el movimiento tanto en la acción política como en la esfera del desarrollo intelectual.
No hay razones para desanimarse. Considero que estamos verdaderamente en el comienzo de una nueva era. Ciertamente, me atrevería a decir que estamos en la fase final de esta etapa tan desventurada. Tenemos el deber moral de perseverar de forma constante en nuestro empeño, dotados de honradez, laboriosidad, inteligencia y entereza de ánimo. Debemos centrarnos en constituirnos en un nutrido conjunto de repúblicos en el que recaerá, si Dios quiere, el deber histórico de encabezar el tercio laocrático en la revolución política que llevará a la apertura de un periodo de Libertad Constituyente y la consecuente instauración de la República Constitucional en nuestra patria.