El régimen del 78 y su ideología

Decía Althusser que la clase dirigente precisa de ideología «no solo para dominar las ideas de la clase dominada, sino también, y ante todo, para asegurar su propia unidad ideológica, indispensable para conservar su unidad política, sin la cual quedaría a merced de la rebelión de los explotados». La realidad es que, a pesar de las aparentes diferencias que se proyectan hacia el exterior entre el progresismo posmoderno y una suerte de nueva derecha liberal, ambos confluyen en una misma ideología del régimen, precisamente por los elementos fundamentales que tienen ambas corrientes en común.

Siendo la ideología un elemento políticamente imprescindible que hace posible el gobierno de una minoría sobre una mayoría, sin la cual, tal como dice Gramsci, la clase dirigente (la que gobierna con el beneplácito y consentimiento del pueblo, utilizando la coacción violenta solo de forma excepcional) se convierte en clase dominante (que no tiene otra forma de gobernar que no sea mediante el ejercicio constante y sistemático de la fuerza), el desmantelamiento de la ideología intelectual y culturalmente hegemónica debe ser una de las principales prioridades de todo revolucionario.

Gustavo Bueno realiza una descripción muy precisa de dicha ideología, a la que denomina fundamentalismo democrático, que es básicamente lo que los repúblicos denominamos democracia social o material. Le demos el nombre que le demos, estamos hablando, en todo momento, del mismo fenómeno: la utilización de ideas vagas y metafísicas, tales como la igualdad, la cultura o los «derechos», para justificar la existencia de una supuesta libertad de la que, en la práctica, el pueblo español carece.

Los partidarios del Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno se equivocan gravemente, a causa del desconocimiento tan manifiesto que tienen de la obra de Trevijano, al denominar a los repúblicos como fundamentalistas democráticos. Nosotros repudiamos el discurso que manipula el sentido verdadero de palabras como democracia o libertad para justificar su ausencia.

La ideología del Régimen del 78, una pérfida mezcla de discurso social, tendencias económicas liberales, pensamiento posmoderno y defensa de valores tan mal definidos como «tolerancia» o «consenso», acompaña la defensa a ultranza del régimen político partidocrático imperante, la cual se disfraza de democracia (en la misma medida que lo hacía el turnismo caciquista de la Restauración). La defensa activa o pasiva de la monarquía, así como la sacralización de la transición española, dirigida por el espíritu santo del consenso, es también lo que tienen en común todas las facciones estatales, aparentemente en pugna.

Todos los valores aparentemente democráticos que las autoridades y las instituciones del régimen esgrimen no son más que puros elementos retóricos, que no pretenden otra cosa que esconder, bajo el manto de la mentira, la servidumbre a la que se somete a la nación española. Nuestra República Constitucional, que encarnará la libertad política colectiva y la emancipación nacional del pueblo, no precisará de todo ese discurso público para sostenerse, sino que se levantará sobre los principios de la lealtad, la verdad y la auténtica libertad, que no es otra que aquella que se da colectivamente.

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