Del trevijanismo a la trevijanología: sobre cómo permanecer leal a una obra sin convertirla en dogma

La primera vez que vi un vídeo de Antonio García-Trevijano fue en el verano de 2015. Su conferencia en el Ateneo de Madrid, titulada El Porvenir de España, me descubrió a un pensador original, vehemente y profundamente comprometido con la realidad política, tanto en el plano intelectual como en el personal. En él encontré no solo una biografía desde la que comprender la historia reciente de España, sino también un sistema de pensamiento que permitía juzgar con rigor y veracidad fenómenos tan complejos como los políticos.

Durante los tres años siguientes, García-Trevijano fue una referencia constante en mi formación. Estudiar su obra me permitió experimentar, aunque fuera de manera indirecta, las extraordinarias virtudes que proporciona el pensamiento crítico cuando se une a la acción política, así como comprender los sacrificios que toda lucha política exige.

El día de su fallecimiento sentí una profunda indignación al comprobar cómo muchos de sus “discípulos” (palabra que me repele profundamente) abandonaban el Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional (MCRC). Aquella reacción me hizo comprobar cómo muchos entendían que la relación con una persona concluye con su muerte, como si el recuerdo personal y la trascendencia intelectual o cultural fueran conceptos ajenos. Comprendí entonces que comenzaba una etapa distinta, en la que nos correspondía a otros realizar los sacrificios que antes mencionaba y, si éramos capaces de afrontarlos con la virtud suficiente, alcanzar la recompensa de la Libertad Política.

El período comprendido entre el fallecimiento de García-Trevijano y el presente encierra suficientes episodios como para constituir el argumento de una novela. La amable invitación de Aritz Urkijo y la renovada ilusión que me produce el extraordinario crecimiento del Ateneo de la Libertad Política Colectiva en apenas un año y medio de vida me animan, sin embargo, a limitarme en estas líneas a una reflexión que resume buena parte de lo aprendido durante ese tiempo: la distinción entre «trevijanismo» y «trevijanología», término este último acuñado hace apenas unas horas durante una reunión del Ateneo.[1]

Etimológicamente, el término «trevijanismo» parece remitir a una ideología que tiene, como todas, intereses espúreos. Según el propio García-Trevijano, una ideología consiste en «la conversión intelectual y moral de unos intereses particulares y concretos en ideas universales y abstractas, con el propósito […] de prolongar o conquistar […] una situación de dominio de lo particular sobre lo general».[2]

La naturaleza del trevijanismo se comprende mejor por contraste con la «trevijanología». Si el primero designa la adhesión ideológica a un conjunto de postulados, la segunda alude a la actividad intelectual consistente en estudiar, analizar y razonar críticamente sobre la obra de García-Trevijano y sobre los conceptos de Libertad Política Colectiva, República Constitucional, Democracia Formal y demás categorías desarrolladas en ella.

Una posible síntesis de la Teoría Pura de la Democracia consiste en afirmar que la lucha por la Libertad Política Colectiva es la única lucha política no ideológica. Su finalidad no es imponer el dominio de un interés particular sobre la Nación, sino asegurar el dominio de la Nación sobre cualquier interés particular. En consecuencia, quien lucha por la Libertad Política Colectiva no puede hacerlo desde una perspectiva ideológica, ni siquiera desde la del trevijanismo.

Dicho de otro modo, nadie puede perseguir sinceramente la Libertad Política Colectiva y, al mismo tiempo, definirse como trevijanista. El pensamiento político de García-Trevijano reclama estudio, análisis, crítica, respeto intelectual e intérpretes rigurosos; puede prescindir, en cambio, de dogmas, eslóganes y mantras, que únicamente benefician a quien los acuña por el mero hecho de acuñarlos.

Con este espíritu de servicio al interés general, y desde el firme convencimiento de que serán los repúblicos, y no los trevijanistas, quienes algún día implanten la República Constitucional en España, he llegado a la conclusión de que mi principal contribución a esta causa consiste hoy en continuar trabajando en su desarrollo intelectual. Lo haré, principalmente, desde la dirección del Ateneo de la Libertad Política Colectiva como grupo de estudio de la obra de García-Trevijano y, a título personal, mediante estas modestas contribuciones en forma de artículos y conferencias.

Las ideologías nacen cuando el pensamiento deja de orientarse hacia la verdad para dirigirse hacia la adhesión. En ese sentido, el mejor homenaje posible a la obra de GarcíaTrevijano quizá no consista en convertirla en un “ismo”, sino precisamente en evitar que lo sea.

Si esta reflexión es correcta, el trevijanismo solo puede entenderse como una fase transitoria, llamada a desaparecer en cuanto dé paso a una actitud más rigurosa: la del estudio, la crítica y el desarrollo constante de su pensamiento. Porque una obra que pretende liberar el pensamiento político no puede convertirse en objeto de veneración, sino en materia de trabajo intelectual permanente.

Por ello, la cuestión no es únicamente teórica. Es también práctica. Quien se acerque hoy a este legado tiene ante sí una decisión: limitarse a repetirlo o asumir la responsabilidad de estudiarlo, discutirlo y desarrollarlo con independencia. Solo en este segundo caso se participa realmente en aquello que pretendía ser.

Seguir al autor en X: @JaviValenzuela

[1] Intervención de Martín Miguel Rubio Esteban en la reunión Hecho Nacional y Conciencia de España: Preguntas y Respuestas, organizada por el Ateneo de la Libertad Política Colectiva, 28 de junio de 2026.

[2] Antonio García-Trevijano Forte, Teoría Pura de la Democracia, Editorial MCRC, 2016, p. 49.