Ha quedado patente, ante los ojos de todo el pueblo, que aquellos que más decían defender a España y a los intereses nacionales son, en realidad, una cuadrilla de infames vendepatrias al servicio del imperialismo anglosionista y del capital financiero extranjero. La apología constante que personajillos como Feijóo o Abascal realizan en favor de intereses ajenos a los del pueblo es notable y constituye la más vil y repugnante traición.
La experiencia práctica ha demostrado la imposibilidad de defender simultáneamente los intereses de las clases populares, los del conjunto de la nación y los de una clase dominante que, a través de las corruptas instituciones de la monarquía partidocrática, oprime directamente al pueblo. Es curioso que las bases de partidos como VOX no se escandalicen ante los indicios que muestran que, posiblemente, VOX está siendo financiado por el lobby sionista en España, de la mano de ACOM y David Hatchwell. ¿Acaso no les ruboriza militar en una organización política vendida a agentes extranjeros? ¿Son conscientes de que son esos imperialistas israelíes y norteamericanos, a los que veneran como países potencialmente aliados, quienes lanzan y envalentonan al régimen alauita de Marruecos contra nuestros intereses nacionales en el norte de África?
Si hay algún ciudadano que, siendo militante de este tipo de partidos, esté leyéndonos en este momento, le decimos que está poniendo sus esfuerzos e ilusiones en manos de mafiosos apátridas, partícipes directos del régimen corrupto del 78, que no aspiran a otra cosa que a endurecer las cadenas que atan a nuestro pueblo a las garras del imperialismo militar de la OTAN y a la mala influencia del capital financiero occidental. Tampoco crea nadie que la supuesta izquierda monárquica del actual régimen difiera en algo de la derecha apátrida de la que acabamos de hablar.
Que sepa que, si verdaderamente ama a su país, la vía correcta no es otra que la defensa de la República Constitucional y de la Libertad Política Colectiva, en contra de la partidocracia, el actual Estado monárquico, el imperialismo extranjero y el capital financiero. El pueblo, mediante su propia organización civil y autónoma, debe sobreponerse a todos esos rivales para formar e instaurar su propio Estado, que no dependa de los ricos y de los poderosos, sino del conjunto del pueblo.
Del mismo modo que la derecha institucionalizada es contraria a la revolución popular y a la destrucción del Régimen del 78, también lo es la “nueva derecha reaccionaria”, nostálgica de los totalitarismos del siglo pasado. Grupos como Núcleo Nacional o Falange no son más que herramientas del sistema para desviar las energías revolucionarias del pueblo de la verdadera senda del cambio. Lo que llevará al pueblo a la liberación y a la emancipación nacional es, única y exclusivamente, la República Constitucional, ideada por Antonio García-Trevijano.
¡Viva el pueblo! ¡Viva la nación! ¡Viva la República!