Falsos republicanos

Los repúblicos españoles padecemos la desfavorable circunstancia de que en nuestro país el pueblo no es conocedor aún de lo que es la República. Así pues, el término “República” es una de aquellas palabras que el régimen del 78 ha puesto especial interés en desvirtuar. No se trata ya del vicio intelectual consistente en hacer pensar a los españoles que el régimen republicano de 1931 es el único modelo posible. Las pérfidas manipulaciones del régimen monárquico van hoy mucho más allá de todo eso.

Los abanderados actuales de la República, pertenecientes en su gran mayoría a la “izquierda” indefinida, socialdemócrata y posmoderna surgida a partir del 15M, han sido los encargados de llevar la confusión a niveles de pobreza de pensamiento nunca antes concebidos. Ni siquiera tratan ya de presentar el deficiente sistema de 1931 como un modelo ideal al que aspirar, en un impulso reaccionario por volver a un régimen históricamente previo, sino que, valiéndose de su imagen e idiosincrasia, defienden directamente el aborrecible modelo político del Régimen del 78 con el único e insignificante cambio de sustituir la figura del monarca por la del “presidente de la república”, sin que ello modifique en absoluto la situación de opresión política que sufre el pueblo español por parte de su clase gobernante y del capital financiero.

Además de ello, personajes intelectualmente tan insignificantes como Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Irene Montero y demás sujetos han realizado la abominable tarea de revestir la muy noble y moralmente pura idea de República con una multiplicidad de antivalores posmodernos de las neo-ideologías anglosajonas difundidas por las corporaciones económicas y su imperialismo, tales como el feminismo, el multiculturalismo, el movimiento “LGTB” y el relativismo que comparten.

Es muy significativo que Pablo Iglesias haya decidido bautizar el local privado del que es propietario como “Taberna Garibaldi”. En primer lugar, el hecho de que el señor Iglesias, un supuesto “comunista”, tuviera la ocurrencia de usar el nombre y la imagen de un reconocido nacionalista liberal decimonónico como emblema de su particular zulo demuestra, o bien la profunda incoherencia de su pensamiento, o bien un escandaloso desconocimiento de la Historia y de la Filosofía Política. En segundo lugar, tiene un gran valor simbólico que se haya decantado por un personaje que comparte, paradójicamente, tantos elementos comunes con él. Seguramente el señor Iglesias no será conocedor de la crítica ideológica que el anarquista Proudhon hizo contra Garibaldi y Mazzini en sus Escritos federalistas, donde los acusa de traicionar sus supuestos ideales republicanos y ponerse al servicio del rey de Piamonte para instaurar un régimen monárquico en toda Italia. Al igual que Garibaldi, Iglesias (que nunca ha conseguido ser nada más que un extraño y esporádico personajillo del circo político español) es solo republicano de boquilla, pues se ha beneficiado desvergonzadamente del Régimen del 78 y ha defendido en numerosísimas ocasiones muchas de sus instituciones. Ha jurado acatar y obedecer su Constitución, ha saludado amistosamente al rey y se ha limitado a proponer tímidas reformas (todas ellas absurdas) mientras se enriquecía con su nueva posición como aristócrata de la clase política.

Tampoco los separatismos regionales, encarnados por partidos oligárquicos conformados por los poderes económicos locales y plenamente integrados en el Estado monárquico, son verdaderamente republicanos, pues su idea de república no difiere en nada de la noción que tienen los partidos “progresistas centrales”, con la única diferencia de que defienden la implantación del actual sistema institucional de forma regional, en una España balcanizada y prescindiendo de la monarquía. En verdad, al igual que sucede con los “republicanos centrales”, no desean genuinamente el fin de la monarquía española, pues viven directamente de la corrupción institucional que amplifica desmesuradamente el Estado de las Autonomías, construido dentro de la Monarquía borbónica. Cuando Otegi habla de democratizar el Estado no se refiere a poner fin al sistema proporcional o establecer el imperio de la ley mediante una verdadera separación de poderes, sino a la implementación de medidas ideológicas y sociales dentro del mismo marco constitucional.

Solo existe una vía genuinamente republicana en España. Esta no puede ser otra que el movimiento político fundado por Antonio García-Trevijano, cuyo fin último y supremo es la conquista de la Libertad Política Colectiva mediante la instauración de la República Constitucional. Que nadie nos confunda con todas esas gentes que se han abanderado falsamente de la República. Nosotros defendemos una República nacional y patriótica (es decir, de todo el pueblo, no solo de las élites económicas y políticas) y moral, frente a esta monarquía apátrida y traidora, contraria a la libertad y a los intereses populares.

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