Accidente en Adamuz: Indignación y huelga. Así desactivan tu protesta

Se esconde una trampa en la rabia que hoy recorre España tras los recientes accidentes ferroviarios. Es una trampa que provoca que esa rabia, tan legítima como dolorosa, termine sirviendo de muleta para los mismos culpables que deberían caer.

Cuando las decisiones políticas son el origen de la catástrofe o cuando una nefasta gestión hace insostenible la situación, el sistema activa su mecanismo de defensa más eficaz: la polarización. La división. El enfrentamiento entre españoles.

Se están convocando movilizaciones y hasta una huelga sectorial, pero es vital detenerse y observar cuál es la diana de estas acciones. Si apuntan contra un ministro, contra Sánchez o contra unas siglas, estaremos regalándole la victoria al verdadero culpable: El sistema.

Te animan a culpar a unas siglas, ofreciéndose las contrarias como solución y ocultando que la causa real es la ausencia de control sobre el poder.

Esa ausencia de control es la que provoca la corrupción sistémica y sistemática que sufrimos, esa ausencia de control es la que provoca que los partidos colonicen la administración pública con inútiles de partido a los que hay que colocar (o “sus Jessicas”), provoca despilfarro, gasto improductivo y depredación de los recursos públicos. Provoca empobrecimiento y muerte.

Esta no es la primera crisis que sufrimos y tampoco son las primeras movilizaciones que se convocan. La hemeroteca está repleta de ejemplos de indignaciones parciales que el sistema logró desactivar. Basta recordar la huelga de transportistas, la vergonzosa y criminal gestión de la DANA, o las revueltas del sector primario. La maquinaria mediática etiqueta ideológicamente a los manifestantes y se apresura a provocar la polarización. Todo sea por evitar una crisis de régimen.

Si esta nueva huelga, convocada por el sindicato Semaf, se dirige contra un ministro, contra el Sanchismo o contra “los socialistas”, la derecha se frotará las manos esperando su turno en el reparto del botín estatal; si la protesta es contra la derecha, que antes que Sánchez ya recortó sustancialmente las inversiones en infraestructura ferroviaria, la izquierda lo capitalizará para blindarse moralmente.

Divididos por colores somos inofensivos; enfrentados por ideologías, resultamos súbditos útiles.

Hay que tener el valor intelectual de mirar más allá del títere que hoy da las ruedas de prensa. La irresponsabilidad política que nos empobrece y que nos mata no es patrimonio de un partido, de un ministro o de un gobierno. Es la esencia de la partidocracia. Como advirtió Antonio García Trevijano, esto que sufrimos hoy es el resultado lógico de un sistema donde el poder político no puede ser controlado por el ciudadano.

La única huelga que teme el poder es la que no distingue siglas, la que señala al Estado de partidos en su conjunto. La verdadera batalla no es izquierda contra derecha, es Nación contra Estado de partidos; sociedad civil contra oligarquía política. Nada cambiará hasta que no entendamos que la lucha del ferroviario, la del agricultor y la del camionero es la misma: la lucha por el control del poder político.

No se trata de pedir una “mejor gestión”, sino de exigir el control del poder.

No basta con reclamar “otros políticos”, hay que imponer la representación política, mandato imperativo, revocabilidad del cargo y separación de poderes.

Si logran que esta huelga sea partidista, habrán ganado ellos y el sistema pondrá una cara nueva para que la rueda siga girando. Pero si la indignación se vuelve unánime contra el Régimen, si el grito es contra la clase política en bloque, entonces y solo entonces empezarán a temblar. No colabores con tu enemigo atacando solo a una de sus cabezas; apunta al corazón de la bestia.